enero 18, 2022
Nombres propios y su significado

Nombres propios y su significado

Nombres propios

En la filosofía del lenguaje, un nombre propio (por ejemplo, el nombre de una persona o un lugar específico) es un nombre que normalmente se considera que identifica de forma única a su referente en el mundo. Como tal, presenta desafíos particulares para las teorías del significado, y se ha convertido en un problema central en la filosofía analítica. El punto de vista del sentido común fue formulado originalmente por John Stuart Mill en A System of Logic (1843), donde lo define como «una palabra que responde al propósito de mostrar de qué cosa estamos hablando, pero no de decir nada sobre ella»[1] Este punto de vista fue criticado cuando los filósofos aplicaron los principios de la lógica formal a las proposiciones lingüísticas. Gottlob Frege señaló que los nombres propios pueden aplicarse a entidades imaginarias y [ambiguas] inexistentes, sin carecer de sentido, y demostró que a veces más de un nombre propio puede identificar a la misma entidad sin tener el mismo sentido, de modo que la frase «Homero creía que el lucero de la mañana era el lucero de la tarde» podía tener sentido y no ser tautológica a pesar de que el lucero de la mañana y el lucero de la tarde identifican al mismo referente. Este ejemplo se conoció como el enigma de Frege y es una cuestión central en la teoría de los nombres propios.

Significado del nombre teórico

En la filosofía del lenguaje, un nombre propio -por ejemplo, el nombre de una persona o un lugar específico- es un nombre que normalmente se considera que identifica de forma única a su referente en el mundo. Como tal, presenta desafíos particulares para las teorías del significado, y se ha convertido en un problema central en la filosofía analítica. El punto de vista del sentido común fue formulado originalmente por John Stuart Mill en A System of Logic (1843), donde lo define como «una palabra que responde al propósito de mostrar de qué cosa estamos hablando, pero no de decir nada sobre ella»[1] Este punto de vista fue criticado cuando los filósofos aplicaron los principios de la lógica formal a las proposiciones lingüísticas. Gottlob Frege señaló que los nombres propios pueden aplicarse a entidades imaginarias y [ambiguas] inexistentes, sin carecer de sentido, y demostró que a veces más de un nombre propio puede identificar a la misma entidad sin tener el mismo sentido, de modo que la frase «Homero creía que el lucero de la mañana era el lucero de la tarde» podía tener sentido y no ser tautológica a pesar de que el lucero de la mañana y el lucero de la tarde identifican al mismo referente. Este ejemplo se conoció como el enigma de Frege y es una cuestión central en la teoría de los nombres propios.

Bertrand russell

En la filosofía del lenguaje, un nombre propio -por ejemplo, el nombre de una persona o un lugar específico- es un nombre que normalmente se considera que identifica de forma única a su referente en el mundo. Como tal, presenta desafíos particulares para las teorías del significado, y se ha convertido en un problema central en la filosofía analítica. El punto de vista del sentido común fue formulado originalmente por John Stuart Mill en A System of Logic (1843), donde lo define como «una palabra que responde al propósito de mostrar de qué cosa estamos hablando, pero no de decir nada sobre ella»[1] Este punto de vista fue criticado cuando los filósofos aplicaron los principios de la lógica formal a las proposiciones lingüísticas. Gottlob Frege señaló que los nombres propios pueden aplicarse a entidades imaginarias y [ambiguas] inexistentes, sin carecer de sentido, y demostró que a veces más de un nombre propio puede identificar a la misma entidad sin tener el mismo sentido, de modo que la frase «Homero creía que el lucero de la mañana era el lucero de la tarde» podía tener sentido y no ser tautológica a pesar de que el lucero de la mañana y el lucero de la tarde identifican al mismo referente. Este ejemplo se conoció como el enigma de Frege y es una cuestión central en la teoría de los nombres propios.

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En la filosofía del lenguaje, un nombre propio -por ejemplo, el nombre de una persona o un lugar específico- es un nombre que normalmente se considera que identifica de forma única a su referente en el mundo. Como tal, presenta desafíos particulares para las teorías del significado, y se ha convertido en un problema central en la filosofía analítica. El punto de vista del sentido común fue formulado originalmente por John Stuart Mill en A System of Logic (1843), donde lo define como «una palabra que responde al propósito de mostrar de qué cosa estamos hablando, pero no de decir nada sobre ella»[1] Este punto de vista fue criticado cuando los filósofos aplicaron los principios de la lógica formal a las proposiciones lingüísticas. Gottlob Frege señaló que los nombres propios pueden aplicarse a entidades imaginarias y [ambiguas] inexistentes, sin carecer de sentido, y demostró que a veces más de un nombre propio puede identificar a la misma entidad sin tener el mismo sentido, de modo que la frase «Homero creía que el lucero de la mañana era el lucero de la tarde» podía tener sentido y no ser tautológica a pesar de que el lucero de la mañana y el lucero de la tarde identifican al mismo referente. Este ejemplo se conoció como el enigma de Frege y es una cuestión central en la teoría de los nombres propios.

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